
Vivimos tiempos de cambio acelerado, de mutación de un modelo de sociedad
claramente definible hacia otro incierto donde las máquinas digitales para
la información y comunicación, en sus múltiples formas (computadoras personales,
teléfonos móviles, DVD, Internet, etc.), son parte imprescindible de nuestra
vida cotidiana. Hoy en día cualquier empresa privada o pública, institución
gubernamental, organización o grupo social precisa de las tecnologías de
la información y comunicación para desarrollar su actividad, así como para
la formación continua de sus trabajadores y trabajadoras. Sin las mismas
no se podría acceder a información valiosa para poder actuar, ni tampoco
se podría difundir y dar a conocer la información que se produce.
En este proceso de integración y uso pedagógico de las TIC, los/as formadores/as
juegan un papel sustantivo y determinante. La mera dotación de recursos
y máquinas digitales a los centros educativos y/o de trabajo no genera innovación
y mejora pedagógica. Transformar las prácticas de las personas que desarrollan
una actividad formativa, cambiar los métodos de enseñanza, reorganizar los
espacios y tiempos escolares, redefinir el rol del/la docente y del alumnado,
las metas y contenidos educativos, planificar e implementar tareas académicas
que fomenten el aprendizaje constructivo del conocimiento, entre otras,
son innovaciones que deben acompañar y plantearse conjuntamente con cualquier
propuesta de incorporación y uso pedagógico de los ordenadores en la formación
permanente de las personas. Por ello, la formación de las y los formadores
ante todos los retos que implican enseñar con tecnologías digitales es una
necesidad urgente.