Ningún fenómeno se puede entender
aislado del marco en que está inmerso;
por eso no podemos volver los ojos ante la crisis del llamado
Estado del Bienestar, la desprotección de amplios sectores de la
población, el surgimiento de nuevos sectores y formas de
pobreza y marginación y una cierta desestructuración del
tejido social que ha influido en la limitada participación
de la sociedad civil en el final del siglo XX. En este contexto,
el voluntariado, entendido como acción social, dirige su
actuación a modificar estas condiciones, promoviendo la
participación de las personas y grupos de la comunidad en la
resolución de sus propios problemas para impulsar un modo más
humano de vivir en sociedad.
De esta problemática social surge la actuación del
voluntariado. Es la respuesta consciente y responsable de
personas que se dejan interpelar por estas situaciones y
acuden en apoyo de los que padecen. Allí donde la iniciativa
privada llega con dificultad y la actuación pública no es
suficiente se hace presente la acción solidaria del/de la voluntario/a.
Con su actuación y con los valores solidarios que la respaldan
el/la voluntario/a denuncia las causas que han motivado esta
situación de injustica social que intenta paliar.
Allí donde vives, muy cerca de ti, existen problemas y
necesidades que demandan solidaridad.
Estos problemas "locales", de tu entorno más próximo,
están absolutamente interconectados con problemas y necesidades
que afectan a todos los hombres y mujeres en todo el planeta:
la degradación medioambiental, la exclusión y la pobreza,
la inmigración, la violencia, la vulneración de los derechos
humanos, la marginación de la mujer...